Aparte de las olivas, el otoño
trae otros frutos deliciosos, que tampoco hay que rebuscar entre los montes,
porque también crecen en el patio del colegio. Me refiero a los madroños. Da
gusto ver estos días la cantidad de frutos que ofrecen cada uno de los dos
ejemplares que hay plantados.
No voy a entrar en detalles
acerca del arbusto en sí, salvo que es un símbolo para Madrid y para su club de
fútbol Atlético de Madrid, puesto que aparece en ambos escudos junto con el
consabido oso goloso, porque el fruto del madroño es dulce y delicioso. Vamos a
intentar continuar con la receta sin más rimas.
Hace unos años anoté en este
mismo blog la forma de hacer mermelada de higos, pero nada tiene que ver con la
receta de hoy. Los higos que se utilizan para hacer la mermelada han de estar
maduros y hay que confitarlos previamente. Sin embargo, el fruto que vamos a utilizar
del madroño, conviene que no esté demasiado maduro porque tiene mucho azúcar de
por sí y además produce embriaguez si consumimos más de la cuenta.
Para un bote de mermelada:
250 gr de madroños
125 gr de azúcar
El zumo de medio limón
Una vez recogidos los madroños, hay que retirar todas las hojas, los
trocitos de tallo que contengan y lavarlos bien. Los troceamos y los ponemos en
un cazo a fuego lento junto con el azúcar y el zumo de limón. Es conveniente
tapar el cazo para evitar manchar toda la cocina, quemarnos, y de paso, para
que se haga antes. Habitualmente, con media hora o tres cuartos, a lo sumo,
será tiempo suficiente para tener la mermelada terminada. Hay que tener en cuenta
que, cuando se enfríe, quedara mucho más caramelizada y dura.
Los madroños más maduros los he cortado en cuatro trocitos cada uno y los he puesto a macerar en Vodka. Dentro de unos meses tendré un delicioso licor de madroños.
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