Ya va faltando poco para disfrutar de unos días de soledad reconfortante
en Cullera y es hora de vaciar el congelador, así que… Había una colita de rape
y unas gulas que podían convertirse en una receta bastante buena. De hecho,
pensé en un suquet de rape, pero ahí pintaban poco las gulas, así que me dejé
llevar por la imaginación y la creatividad, todo ello muy psicológico y me
imaginé un plato que podía llegar a ser celestial. Esto es lo que he
recolectado…
1 cola de rape
1 paquete de gulas
2 dientes de ajo
1 puerro
1 hoja de laurel
Perejil picado seco
Unos granos de pimienta
Aceite de cayena
Una pizca de hebras de azafrán
Harina
AOVE
Lo primero ha sido separar el hueso del rape, cortarlo, en trozos y
ponerlo junto con el puerro, la hoja de laurel, y los granos de pimienta en un
cacito con agua para hacer un fumet, que ha estado cociendo a fuego suave
durante una media hora.
He cortado los dos dientes de ajo en láminas y los he puesto en una sartén
con un chorrito de aceite de oliva virgen y otro chorrito de aceite de cayena.
El aceite de cayena lo he conseguido metiendo un puñadito de guindillas en un
frasco y rellenando de aceite durante unos tres meses.
Mientras se hacía el fumet, he cortado la cola del rape en dados
grandes, los he salpimentado y los he enharinado para añadirlos a los ajitos
una vez que estaban bailando. A continuación, he echado las gulas y las he rehogado
junto con los ajos.
Cuando el pescado estaba medio hecho, le he añadido un chorro de fumet
y con la harina se ha ido espesando, momento en el que he añadido las hebras de
azafrán y el perejil.
El resultado ha sido espectacular, con una copita de vino blanco de Rueda
y un buen trozo de pan de masa madre.