miércoles, 21 de agosto de 2013

BERENJENAS RELLENAS CON LÁMINAS DE TRUFA NEGRA

Es Tiempo de descanso. Desconectar por completo de la actividad laboral y dedicarnos a la “dolce vita” es primordial. En estos días de relax nuestro organismo ha de recobrar toda la paz interior. Dedicarnos a hacer lo que más nos gusta sirve para completar esa desconexión, que tiempo tendremos de volver a la vida cotidiana.

Yo dedico este tiempo a la pesca, a la lectura, a escribir y a cocinar, que es una de mis actividades favoritas y como quiera que ahora el campo nos ofrece una variedad de productos sin igual, podemos bajar al huerto y comprar lo mejor de lo mejor. Aunque reconozco que en mi caso, el huerto viene a la puerta de casa y “Yésica” (no sé cómo se escribe ese nombre, pero se pronuncia así) trae los productos del huerto de su padre para ponerlos a la venta.

Ayer compré unas berenjenas exquisitas, un par de pimientos entreverados cuyo aspecto me estremeció, unos tomates, de esos gordos que a mí me gustan y unas cebollas tiernas.

En la nevera había unas salchichas frescas deliciosas que me sobraron del último arroz al horno y se me ocurrió que con todas esas viandas se podía preparar algo exquisito.

Lo primero fue picar, bien picaditos la cebolla, el pimiento y el tomate y ponerlos en la sartén con un par de cucharadas de aceite de oliva virgen extra y una pizca de sal.

Mientras aquello cogía forma, partí las berenjenas en dos y las puse en el microondas cuatro minutos.

Abrí las salchichas y les quité la tripa, quedándome solo con la carne, que dejé en un plato, en espera de que el sofrito estuviera hecho. Vacié la carne de las berenjenas con una cuchara y las partí en trocitos, dejándolas en un bol.

Cuando el sofrito parecía hecho, le añadí la carne de las salchichas y dejé que tomaran color, machacando con la cuchara de palo para que todo se fusionara en la sartén, retirándolo del fuego y dejando que se atemperara.

Puse la mezcla en el bol con la carne de las berenjenas y lo mezclé todo bien. Ya solo quedaban un par de pasos sencillos: montar el plato y hacer la salsa.

Para la salsa, utilicé otro tomate, que rallé y sofreí en el aceite sobrante de la fritada añadiendo una cucharada de harina y una pizca de leche, para conseguir una salsa Aurora natural y perfecta. Un toque de nuez moscada le aportó su delicado aroma y sabor.

Ya hemos llegado al final, que estamos en verano y no conviene perder ratos de playa. Si rellenamos las berenjenas con la mezcla y las recubrimos con la salsa, las podemos hacer la tarde anterior y meterlo en la nevera para terminarlas mañana.

Ya solo queda cubrirlas con queso al gusto, en mi caso emmental rallado, unas láminas de trufa negra y ponerlas al grill unos cinco minutos para que queden calentitas, gratinadas y el queso derretido y rico.

Podemos servirlas tal cual, o con una pequeña lluvia de perejil picado. Por cierto, el relleno que me sobró me sirvió para hacer una tortilla para la cena, que no están los tiempos para tirar nada.


viernes, 9 de agosto de 2013

BACALAO CONFITADO CON SALSA AGRIA DE AJOS

El confitado es un procedimiento de conservación ancestral. De hecho el término viene del francés “confire” y este a su vez del latín “conficere” cuyo significado es preparar o confeccionar. No parece muy claro el origen de la técnica, aunque parece provenir de la Edad Media. Sin embargo, en pleno siglo XXI está totalmente de moda.

Para confitar un producto debemos calentar un medio graso, que puede ser perfectamente aceite de oliva y si es virgen extra, mejor. Lo importante es no sobrepasar la temperatura de entre 60 y 70 grados porque si no, lo que haríamos sería cocer y no confitar.

En su origen, los productos más utilizados para elaborar la conserva eran las frutas, y no se usa grasa, sino azúcar, de ahí que a las pastelerías se las denomine también confiterías. Sin embargo, en Francia tiene fama el “confit” de oca o de pato, que son aves muy grasientas y se aprovecha su propia grasa para elaborarlos. En nuestro caso, lo que vamos a confitar es un lomo de bacalao.

Como se puede imaginar, a 60 grados se tarda bastante en elaborar un alimento, y si bien en el caso del pato o de la oca, el proceso puede durar bastantes horas, en el caso del bacalao nos va a resultar suficiente con unos 20 minutos lo que no deja de ser un ejercicio de paciencia interesante y considerable.

En primer lugar pondremos una buena cantidad de aceite de oliva virgen extra en una sartén y la dejaremos a esos 60 grados, que en las cocinas actuales equivaldría al 1 o al 2. Si utilizamos una cocina de butano, es probable que tengamos que separar la sartén de manera constante, aunque tengamos el fuego al mínimo. Yo aconsejo empezar por el 2 para bajar posteriormente al 1, una vez que el aceite haya tomado temperatura.


El aceite de cocción va a ir adquiriendo los sabores de los productos con que lo acompañemos, así que vamos a poner desde el principio un par de dientes de ajo, solamente machacados, pero sin pelar, una guindilla, una hoja de laurel y unos granos de pimienta negra.


Cuando veamos que el aceite empieza a estar caliente, introducimos el lomo de bacalao con la piel por encima y lo dejamos durante unos quince minutos. Iremos viendo que se va desprendiendo la gelatina por la parte de abajo, conforme se aprecia en las fotos.


Mientras se nos va haciendo el bacalao, pelaremos unas patatas y las haremos rodajas, algo más finas que si fueran para una panadera y las dejaremos en agua para evitar que se oxiden.


Pasados los quince minutos, damos la vuelta al bacalao con cuidado de no mezclar la gelatina con el aceite y lo dejamos otros diez minutos más. Retiramos y reservamos el bacalao en un plato, guardamos los ajos y el resto podemos tirarlo.

Retiramos de la sartén todo el aceite que quede limpio de gelatina, lo ponemos en otra sartén y echamos las patatas procurando que no queden unas sobre las otras. Por otro lado, con ayuda de un colador batimos la gelatina junto con el aceite restante para elaborar un pil-pil y también lo reservamos.



Nos olvidamos de las patatas, que deberán permanecer cerca de media hora confitándose y pasamos a elaborar la salsa. Para ello, pelamos los ajos confitados, los ponemos en el vaso batidor, añadimos unas cucharadas de leche y un chorro de aceite de oliva. Batimos hasta conseguir una pasta parecida a la mahonesa. Si se prefiere, se puede utilizar yogur en lugar de la leche, pero el sabor ligeramente agrio queda garantizado por efecto del ajo.


Vamos a por las patatas. Ya ha pasado esa media hora más o menos y lo que vamos a hacer va a ser subir el fuego para que terminen de hacerse, pero tan pronto como las veamos que empiezan a soltar burbujas, las retiramos.

Para terminar el plato, pondremos en un recipiente las patatas a modo de cama y las cubriremos de pil-pil. Encima colocaremos el bacalao con otro poquito de pil-pil y lo cubriremos todo con la salsa de ajos.

Como ya está todo cocinado, lo que queremos es que la salsa aporte un colorido agradable, a la vez que acabe de aportar el agror, así que bastará con ponerlo a gratinar unos cinco minutos antes de consumirlo.



Se presenta conforme sale del horno, y si queremos darle alguna floritura, ponemos una ramita de perejil y el resto del pil-pil, aunque no resulte en absoluto necesario.

  

jueves, 8 de agosto de 2013

NO HAY NADA MEJOR QUE UN BUEN BOCADILLO DE JAMÓN

El periodo comprendido entre finales de julio y comienzos de agosto es el momento natural del tomate. Durante estos días son carnosos y sabrosísimos.

Bajo mi casa hay una chica que vende productos de la huerta de su padre. Yo siempre le digo que me guarde los más gordos del día, entre otras cosas, porque su padre que es quien los pone, opina lo mismo que yo, que cuanto más gordos, mejor. El otro día compré uno que pesaba 1.150 gramos él solito. Vende también unos melones pequeñitos sabrosísimos y dulces como la miel. Aquí sí que prefiero los más chicos, porque así como el tomate me da para varias sentadas, el melón se queda corto para una.



El pasado viernes me dijo mi hermano que si nos íbamos a cenar a una terraza cercana, donde ofrecían una cena argentina y le dije que habría de pensarlo, porque teniendo la nevera llena de productos deliciosos, buena gana de salir a cenar por ahí. Al sacar a Duna a pasear, recordé que tenía que comprar algo para comer al día siguiente, y con aquello de la comida argentina, se me pasó por la cabeza un entrecot argentino fantástico que venden en el “súper” que hay frente a mi casa. Cuando lo recogí, me lo imaginé a la plancha, acompañado de una patata asada al horno con pimentón y con una salsa chutney de calabaza.

Antes de salir me pasé por la sección de jamones y vi un sobre de jamón serrano de ibérico de bellota con tan solo 80 gramos, pero eso sí, lonchado muy fino.

Cuando compro el pan, en especial las temporadas que paso solo, suelo pedirlo recién hecho, que queme. Los empleados de la panadería suelen darse codazos e intercambiar miradas cuando les digo que lo quiero para congelar. Ellos no saben que en el trayecto a casa, el pan se atempera y cuando lo metes crujiente y calentito aún en el congelador, al comerlo varios días después, está igual de crujiente y de calentito, si lo dejas media hora antes de consumirlo bajo los rayos del sol. En el caso que nos ocupa, había un trozo terciado de pan de pueblo que procedí a descongelar.

Si vamos uniendo los párrafos anteriores, que parecían algo inconexos, veremos que el objetivo final es el de hacernos un bocadillo de jamón espectacular, para lo cual, lo primero que haremos, una vez descongelado el pan es abrirlo por la mitad y cubrir ambas mitades con un chorrito de aceite de oliva virgen extra y colocarlos sobre la plancha hasta que tomen un ligero color dorado. Mientras tanto, cortaremos una lámina finísima de tomate. Lo de una sola lámina viene porque el tomate que nos ocupa tiene un corte de unos treinta centímetros de diámetro, pero en caso de que fuera más pequeño podemos cortar dos. Retiramos el pan de la plancha y ponemos en su interior esa lámina de tomate partida en dos para que cubra toda la superficie del pan. A continuación abrimos el sobre de jamón y metemos tantas lonchas como nos plazca. Yo puse la mitad, que eran cuatro.



En aquel momento, prendado por el aroma de ese jamón de cerdo ibérico de bellota, recordé lo de la cena con mi hermano… Lo dejaremos para otro día.


EMPANADA DE EMBUTIDO

El viernes pasado compré un poco de embutido para hacer un cocido. En el pack vienen dos tiras de chorizos, una de salchichas, una tira de tocino fresco y otra de morcillas. Después de hacer el cocido y un arroz al horno, aún me sobró una salchicha, algo de tocino y un par de chorizos.

Como quiera que aún estoy solo, es increíble lo que dan de sí estos packs y la cantidad de comidas que solucionan por algo menos de tres euros y lo que tengo claro es que no voy a tirar nada, así que, puestos a pensar, se me ocurrió que con todas esas viandas, y aprovechando que estamos en plena época de tomates, cebollas y pimientos, podía hacer una empanada, y me puse manos a la obra.

Lo primero fue cortar en juliana fina la cebolla, el pimiento, y un par de dientes de ajo bien picaditos. Mientras se pochaba todo ello en la sartén con una pizca de sal, pelé el tomate y lo corté en brunoise para añadirlo al sofrito una vez que estaba todo caído. Por otro lado hice unas tiras de tocino y lo puse a cocer en agua para que quedara suave.

El paso siguiente fue, por un lado colar el aceite y reservarlo para hacer la masa de mi empanada, y por otro, reservar también el sofrito en sí.

Con un cuchillo bien afilado, hice unos cubitos de chorizo, salchicha y tocino y los puse a freír en el resto del aceite que aún quedaba en la sartén.

Para la masa, puse un vasito de harina tamizada, 20 gramos de levadura de panadero liofilizada, el aceite que me sobró de la fritada y un vasito de agua, todo ello bien amasado. Una hora después, la masa había crecido lo suficiente como para estirarla y hacer una buena empanada que, más que para uno, era para dos, pero el día es muy largo.

El paso siguiente fue unir el sofrito al embutido y dejar que todo se uniera, junto con media docena de olivas deshuesadas, cortadas en láminas y dejarlo enfriar.

Ya solo quedaba dar el paso final, que es echar el relleno en la mitad de la masa, cerrarla, pintarla de huevo y meterla en el horno, previamente precalentado a 200 grados. Unos veinte minutos después, la empanada estaba hecha.

Me he comido la mitad con medio tomate natural. He merendado una tira de empanada, que aún se conserva igual de rica que recién hecha y aún me ha sobrado lo que os enseño en la foto, que no dudéis que va a constituir mi cena junto con el otro medio tomate y unas gotas de aceite de oliva virgen extra.


Vale que pueda que tenga bastante colesterol, pero si tenemos en cuenta que la ausencia de estrés y el aceite de oliva lo contrarrestan, empezamos a disfrutar de un plato suculento. Y os recuerdo que ha sido comida, merienda y cena con los restos de una cesta de embutido que ya constituyeron un cocido y un arroz al horno por menos de tres euros.  


sábado, 6 de julio de 2013

SEMILLERO DE HIERBABUENA

La escuela de la Gestalt dice, entre otras muchas cosas, que nuestro cerebro, por medio del principio de la experiencia,  se ha formado por el condicionamiento del mundo exterior y siempre tiende a simplificar todo aquello que se percibe.
Un claro ejemplo es el siguiente:

Nuestro cerebro, por medio de nuestra vista, percibe un triángulo, cuando lo que estamos viendo, en realidad, son tres comecocos.
Otro aspecto importante es el contexto. Si vemos una planta como la de la imagen en la terraza, tendremos muy claro que se trata de un semillero de hierbabuena. Pero si nos lo ponen en un plato sobre la mesa y con una cuchara al lado, nos generará bastante desconcierto. Sin embargo, lo mismo que nos ha ocurrido con los comecocos es que nuestro cerebro ha tendido a la simplicidad y nos hace ver algo que no se corresponde con la realidad, porque ese semillero no es tal, sino un delicioso postre de chocolate con hierbabuena.

La maceta es, ciertamente, una maceta y las hojas de menta, hojas de menta perfectamente comestibles y que aportan un sabor excepcional al chocolate, como el famoso After Eight. Sin embargo, aquí se acaba la percepción, porque lo que parece arena es, en realidad, polvo de galletas Oreo y sirven para recubrir el chocolate, que en función de lo que nos apetezca trabajar puede ser una mousse de chocolate, una crema o sencillamente, un helado.

En cualquier caso, cuando sirvo a alguien el postre en cuestión, siempre muestra recelo al meter la cuchara y, generalmente, esperan todos a que sea yo el primero en hacerlo.

sábado, 1 de junio de 2013

BOQUERONES EN VINAGRE

Es curioso pero, los boquerones son de bastante agrado para los niños y jóvenes, en especial esta tapa de boquerones en vinagre, que son tan sencillos de elaborar, que es una pena comprarlos ya preparados.

El primer paso, que es el de la limpieza y que, por cierto, es el que los recetarios habituales suelen obviar, resulta ser el más importante, aparte de la elección del material porque, a pesar de que se trata de un procedimiento de conservación, y eso suele hacerse cuando el pescado empieza a perder su frescor, este plato sale mucho más rico con material fresco.

Otro aspecto interesante es el del tamaño de los boquerones. La mayor parte de los recetarios aconsejan que sean grandes y, sin embargo, los pequeños suelen resultar mucho más sabrosos, aunque de más trabajo su limpieza.

Yo compro los boquerones cuando los veo brillar como la plata y están duros como si estuvieran confeccionados de ese material. Sus ojos rojos también me suelen aconsejar comprarlos, y su tamaño, ya he dicho que a pesar de lo que dicen los técnicos, a mí me gustan más los pequeños.

Una vez en casa, hemos dicho que la limpieza es fundamental. Lo primero que haremos será ponerlos en la fregadera, quitarles la aleta dorsal, separar la cabeza, extraer las tripas y abrirlos de arriba abajo con ayuda de nuestro dedo pulgar para desechar la espina vertebral. Por último, los pondremos bajo el chorro de agua y retiraremos las espinas que puedan quedar y todo asomo de sangre. Así lo haremos uno por uno hasta tener todos limpios. Es muy importante que no quede ninguna venita ni nada de nada de sangre.

Ahora vamos a preparar la salmuera, para lo cual vamos a necesitar vinagre, sal y una pizca de agua oxigenada... sí, de agua oxigenada, de la que se pone en las heridas. Se trata de un chorrito ínfimo, pero va a ser el autor de unos boquerones blancos y duritos. Ponemos esta mezcla en un recipiente y vamos acomodando todos los boquerones hasta que queden completamente cubiertos, y los dejamos reposar durante unas cinco o seis horas.

Pasado este tiempo, elaboramos el aderezo con un chorro de aceite de oliva virgen extra, un diente de ajo cortado en láminas muy finas y un poco de perejil picado.


Para terminar, pondremos los boquerones en una bandejita, los recubriremos de su aderezo y dejaremos rienda suelta a nuestra imaginación: un bocadillito, un pincho formado con un par de boquerones sobre una lámina de pan tostado. Otro pinchito con unas aceitunas deshuesadas rodeadas del boquerón… En fin, que cada cual los disfrute como mejor le parezca.



sábado, 2 de febrero de 2013

CREATIVIDAD, PACIENCIA Y... BUENOS RECUERDOS


SOPA DE AJO DECONSTRUIDA (o cómo ser creativo por menos de un euro)

Cuando el frío aprieta, apetece comer platos calentitos y recordar aquellos momentos de nuestra infancia en los que la abuela nos los preparaba con todo su cariño al amor de la lumbre.

Uno de esos platos tan ricos son las sopas de ajo, o sopa castellana, si se prefiere, y elaborarla a la manera tradicional es muy sencillo. Ahora bien, si lo que queremos es quedar bien con la familia o los amigos, podemos hacerla a la manera de la famosa tortilla de patata inventada por El Bulli en 1998 y cuyo autor no fue Ferrán Adriá, sino un chico que trabajaba allí. Y es que hablar de Adriá suele ser sinónimo de creatividad. Pero la grandeza de este cocinero, como a él le gusta que le llamen, no es solamente ser creativo, sino saber inculcar esta cualidad en todos aquellos que le rodean.

El proceso de la elaboración es largo, con lo que vamos a ejercitar además de la creatividad y los buenos recuerdos de nuestra infancia, algo tan importante como es la paciencia. Pero podemos ir adelantando algunas partes, como la elaboración del caldo o el crujiente de jamón.

Para la base:

50 gr de jamón serrano de la mejor calidad que encontremos
5 dientes de ajo morados de Las Pedroñeras
1 cucharada de pimentón de La Vera picante 

Para el caldo:

Un hueso de jamón
1 puerro
La clara de un huevo
1 cucharada de maicena

Para cubrir:

5 lonchitas de jamón de la mejor calidad que encontremos
La yema del huevo

Aparte vamos a cortar unas lonchas de pan fresco y vamos a dejarlas que se sequen. Es decir, de un día para otro.

Lo primero que haremos será poner aceite en una sartén a fuego muy bajo y añadir los ajos pelados y cortados en láminas finas con una pizca de sal para que se confiten. Entre tanto, picamos el jamón en trocitos para añadirlos más adelante.

Ahora podemos hacer el caldo con un hueso de jamón y un puerro, poniéndolos en una cazuela con un vaso de agua y dejándolos que cuezan a fuego bajo durante más o menos una hora.

Cuando veamos que los ajos estén confitados, retiramos la sartén del fuego y le añadimos el pimentón, revolvemos y lo reservamos colándolo para que pierda todo el aceite.

Cuando veamos que el caldo esté hecho, ponemos una cucharada de maicena en medio vasito de agua, lo echamos sobre el caldo y esperamos unos segundos hasta que espese. Hacemos un chantilly con la clara del huevo y un pellizquito de sal y le vamos incorporando el caldo poco a poco removiendo para conseguir una espuma.

En la misma sartén en la que hemos frito los ajos ponemos las láminas de pan y las freímos.

Por último ponemos las lonchitas de jamón en un plato y las metemos en el microondas durante más o menos un minuto o minuto y medio para que se quede crujiente.

Para montar nuestra sopa pondremos en una copa de coctel en primer lugar los ajos con el jamón y el pimentón, que habrán quedado crujientes. Encima ponemos una capa de pan y sobre ella la espuma de caldo. Sobre todo ello ponemos otra capa de pan y el crujiente de jamón. Finalmente ponemos una cucharada o dos de yema. Si lo metemos durante unos quince segundos en el microondas quedará caliente y la yema más hecha, pero esto ya es opcional.

Es conveniente advertir a nuestros comensales de que deben introducir la cuchara hasta el fondo y sacarla con una pizca de todas las capas a la vez.



                      Como vemos, la elaboración es muy sencilla y el resultado final, sorprendente.